Por dentro quiero ser rojo y rosa como una herida sana que cicatriza bien, que las paredes de mis arterias sean fuertes y limpias, que la sangre fluya con intensidad y el oxígeno circule y se reparta equitativamente, que llegue lejos, hasta las uñas, hasta las puntas abiertas de mi pelo, que mi digestión no sea pesada, que mi mierda caiga suavemente y sin oler, que mi pis sea amarillo claro, dulce, cálido, que mi piel sea resistente y sin arrugas, sin picores, sin ronchas, que mis células sepan todas lo que tienen que hacer, a dónde ir, cómo multiplicarse y cuándo y por qué. Sin confusiones. Sin tumores. No quiero virus, no quiero más bacterias de las estrictamente necesarias para sobrevivir, quiero que los riñones filtren sin cansarse, no quiero piedras, ni cristales, quiero que el hígado y el páncreas funcionen y brillen como un motor nuevo, que el corazón haga lo suyo entre 60 y 120 veces por minuto, quiero que los pulmones respiren profundamente, que me relajen, que me oxigenen y me limpien y me ayuden a meditar 20 minutos cada noche, quiero que mis testículos cuelguen lo justo cuando haga frío, que mi pene aguante el tirón, sin hongos, sin condilomas, que mis huesos y mis articulaciones crujan de gusto, que pueda arquear la espalda hasta tocarme la punta de los dedos de los pies, seguir saltando papeleras, bancos, vallas, subiéndome a los árboles, a los tejados, quiero que mis músculos sean tan duros y estilizados como los de un monje Shaolín. Quiero tener los ganglios bien, la garganta bien, las amígdalas bien, los nervios bien, las conexiones neuronales engrasadas, las glándulas dispuestas. Quiero mis niveles de serotonina siempre a tope. Quiero que el organismo que soy cumpla su función de dentro a fuera, que no se venga abajo por un poco de sangre al toser por las mañanas, o un escozor al orinar. No quiero tomar pastillas, no quiero ponerme cremas ni pomadas ni aceites puros esenciales de melaleuca alternifolia. Quiero tener toda la suerte del mundo y aguantar sin morir por muchos años.
lunes, 14 de octubre de 2013
viernes, 11 de octubre de 2013
¿CUÁLES HAN SIDO LAS INFLUENCIAS MÁS IMPORTANTES Y LOS MOMENTOS CLAVES DE TU VIDA?
Momentos claves... conocer a Sonia, que fue el primer amor... o tal vez sea la primera vez que besé con lengua y toqué un coño cuando tenía 6 años. Fue con mi vecina Carmen, que era un poco gordita y olía a algo dulce, como a chicle de fresa. Con 6 años me enseñó casi todo lo que sé. Ella veía películas guarras y luego me decía haz esto y haz lo otro, mete la mano por dentro, besémonos con lengua, yo hacía lo que me decía, seguía las instrucciones, metía la mano dentro, escupía el chicle, sacaba la lengua y la movía. Me gustaba mucho mi vecina, pero si un niño decía que éramos novios, me liaba a puñetazos y decía que no, aunque en realidad era que sí, yo deseaba que fuera mi novia, y casarme pronto y tener hijos y 2 perros, y un ordenador siempre encendido en la mesita de noche, y máquinas recreativas en el salón, me imaginaba mi casa como un salón recreativo y se lo decía a Francisco Coronado, tendría máquinas recreativas, y seguiría jugando con mis coches, y guardaría mis cromos y se los enseñaría a mis hijos, pero me preocupaba la luz, la factura de la luz, y que saltaran los plomos, con tanto aparato eléctrico encendido podrían saltar los plomos enseguida, habría que buscar una solución, ¿por qué nadie se preocupaba por eso?
Un día mi madre entró en mi habitación y me sorprendió besándome con la vecina, abrió la puerta sin llamar, o tal vez la puerta estaba abierta y ella estaba en la cocina haciendo algo, pelando algo, esmotando, friendo, sazonando, vino y entró de pronto y nos sorprendió, menudo susto, aunque quien se sorprendió de verdad fue ella, la pobre, católica, apostólica y romana, ver a su hijito de 6 años metiéndole la lengua a una niña un poco gorda y tocándole las bragas. No sé si se santiguó pero vino corriendo a sentarse con nosotros y explicarnos que lo que hacíamos estaba mal, que nos podíamos pegar enfermedades y el niño Jesús nos vigilaba desde el cielo y se enfadaba.
A mí lo de las enfermedades a esa edad no me importaba, yo estaba sano y corría más que los coches, pero el niño Jesús me infundía respeto, era el hijo de Dios, y yo rezaba a Dios todas las noches y le pedía que me dejara vivir muchos años hasta morir de viejo.
Morir de viejo, en eso pensaba yo con 6 años.
En eso, y en las bragas de mi vecina Carmen.
jueves, 10 de octubre de 2013
cosas que me gustan, cosas que no me gustan, cosas que me dan igual
Primero escribo todas las cosas que hago durante la semana y el tiempo que me lleva hacerlas y las divido en categorías: trabajo, salud, vida social, etc. Hago una gráfica. La analizo. En ella se ve que la mayor parte del tiempo semanal lo dedico a la categoría TRABAJO.
Luego cojo esas mismas cosas y las divido en tres categorías diferentes: me gusta hacerlas, no me gusta hacerlas, me da igual hacerlas. Sumo las horas aproximadas y tengo como resultado la siguiente gráfica:
Después de observarla unos segundos saco conclusiones contrarias a lo que esperaba. En principio, antes de hacer esto, pensaba que dedicaba casi toda la semana a hacer cosas que no me gustan, ya que trabajo bastantes horas, pero resulta que el problema no está ahí, el problema es que paso demasiado tiempo haciendo cosas que me la sudan, ni me gustan ni no me gustan, ni fu ni fa.
Entonces la clave para llevar una vida plena no está tanto en dejar de hacer las cosas que no me gustan, como en empezar a disfrutar con esas pequeñas acciones cotidianas que realizo sin pena ni gloria: fregar los platos, vestirme, hacer la compra, escribir wasaps... lo que realmente conforma nuestra vida son todas esas chorradas que nos mueven las manos y los pies, ese tiempo perdido con la cabeza en las nubes mientras abrimos el cajón de los calcetines.
Pasamos demasiado tiempo con la cabeza en otra parte, no nos damos cuenta de que estamos caminando por la calle y que hace fresquito, no nos paramos a disfrutar de esa sensación, poder notar la temperatura, percibir la luz, el olor a gasolina de los coches, oír ladridos y sirenas, es lo que nos ocurre porque estamos vivos, es lo que nos ocurre la mayor parte del tiempo que estamos vivos. Hace poco leí que el sentido de la vida solo depende de nosotros. La vida tiene el sentido que uno quiera darle. ¿Para ti lo tiene y es esto? Bien. ¿Para ti no lo tiene? Bien. Cuando la palmes, tanto si tenía sentido como si no, ya dará igual, has pasado 20, 40 u 80 años caminando de un lado a otro, sacando tickets, comprando lotería y mandando wasaps.
A veces habrás sido consciente.
A veces no.
qué no harías nunca, dónde te gustaría vivir, a qué tienes fobia
Leo una revista de esas en las que los famosos enseñan sus casas y responden pequeños cuestionarios: dónde te gustaría vivir, qué es para ti la felicidad, si tienes diez minutos libres...
Tenista, decorador, presentadora, empresario, piloto de Fórmula 1, actor, emprendedora, tío mayor con bodegas. A todos les preguntan lo mismo, todos quieren vivir en París, menos el tío mayor que es de Sant Sarduní d'Anoia y de ahí no se mueve. París, París, París es una mierda de ciudad, está sobrevalorada, igual que Barcelona. Todo hijo de vecino quiere vivir en París, todo español cosmopolita quiere irse a Barcelona a hacer fotos y escribir libros. París no es más especial que cualquier otra ciudad, es demasiado grande, demasiado fría, y los franceses tampoco es que sean el alma de la fiesta.
Luego viene otra pregunta: qué no harías nunca. El tenista dice que mentir, el actor que traicionarse a si mismo y a sus ideas, la emprendedora que robar, el tío mayor que dejar a su mujer, otro que hacer daño, otro que lo mismo, otro que hacer trampas... yo aquí me meo directamente. ¿Qué no haría yo nunca? yo haría de todo y en cualquier momento, a ver, yo ya he robado, he mentido, he hecho daño, he hecho trampas, me he traicionado mil veces, he dejado, he sido un cabrón. Lo tengo todo. Por eso, cuando veo gente tan entera, tan recta, tan convencida de lo que no, de lo que nunca, jamás, así me ahorquen, me hace sentir bastante bien. Me asumo ya tal y como soy, procuro ir por el buen camino pero no me escandalizo si meto la pata hasta el fondo. Lo he hecho, lo hago, y lo seguiré haciendo hasta que me muera. Como dijo un pianista en una peli cuando le gritaron que no podía volverse atrás, que ya era tarde: yo siempre vuelvo atrás.
Y tampoco pasa nada.
Y luego lo de las fobias, ¿a qué tienes fobia? aquí coinciden casi todos: tienen fobia a lo que no pueden controlar. Vale, qué triste, qué pena, qué vida más jodida. Vivimos rodeados de cosas incontrolables, de hecho, en realidad no controlamos una mierda, vamos en coche y nos la podemos pegar de mil formas diferentes, te tumbas en la cama y te puede dar un infarto, la casa está llena de polvo, la lavadora puede romperse, tu psicólogo se va de vacaciones justo cuando más lo necesitas. No controlamos nada, hay que aceptar que estamos aquí como un milagro, como una luz que sale de las manos, porque eso que no queremos ni nombrar le pasa siempre a otros, giramos la cara, decimos qué frío hace, pedimos nuestro café en el bar de siempre y sentimos que controlamos, que somos grandes, que nuestra casa, bendita sea, es un fiel reflejo de nuestra personalidad.
Y uno de mis sueños es ser campeón del mundo de la Fórmula 1.
Y reformar la casa.
Eso, y reformar la casa.
lunes, 7 de octubre de 2013
La regla de los 21 días
Llevo un año y medio leyendo libros de autoayuda. He leído El monje que vendió su Ferrari, Lecciones cotidianas del monje que vendió su Ferrari, El cambio, El arte de lo posible, Flow, La inutilidad del sufrimiento, Piense y hágase rico, Tu poder sin límites, El arte de no amargarse la vida, El poder del ahora, El elemento, Encuentra tu elemento, Busca tu elemento. También he leído libros de Coaching, como Coaching para el éxito, Coaching para el creativo que hay dentro de ti, Coaching: el método para mejorar el rendimiento de las personas, Autocoaching... El caso es que una vez leídos dos o tres libros de estos, los has leído todos. Todos dicen lo mismo de una u otra forma, las cosas están claras, si crees que puedes, puedes, si crees que no puedes, tienes razón. Una de las afirmaciones de estos libros que más me intrigó fue la norma de los 21 días. Consiste en que si haces algo durante 21 días seguidos, termina convirtiéndose en un hábito. Pues eso es mentira. Durante el 2012 estuve levantándome a las 6 de la mañana durante más de un mes. Me levantaba para escribir antes de ir a trabajar. Lo cierto es que escribir tan temprano era maravilloso, algo espiritual. Preparas tu café, abres el balcón, observas la noche, la ciudad que no ha empezado a vivir, y tú estás ahí, consciente, despierto, tomando un café y preparando la mente para escribir antes de trabajar. Escribir como lo más importante del día, lo primero, e irte luego al trabajo, ya escrito, ya cumplido. Pues después de más de un mes haciendo esto, no se convirtió en un hábito. Era agosto de 2012. La novia que tenía por aquel entonces se quejaba, ella quería que durmiéramos juntos, que nos levantáramos tarde y que folláramos más. Pero yo quería cumplir con mi objetivo: madrugar, escribir, ser todo un hombre. Luego lo acabamos dejando, se fue a Londres a estudiar inglés y levantarse tarde. Yo seguí con mi proyecto, mi hábito, pero ya en noviembre volvía el levantarse tarde, ir arrastrando los pies al trabajo, la cerveza, la bolsa de gusanitos para cenar. Luego, ya en entre enero y febrero de este año, decidí dejar los lácteos de forma radical, todo tipo de lácteos, leche, queso, yogures, incluso la hamburguesa especial que tomaba cada jueves con Mirín en la mejor hamburguesería de Barcelona la pedía sin queso, una especial cheese sin queso por favor. En uno de esos libros decían que la leche era veneno, era mala, que dejar la leche cambiaría algo en mí, como el cuerpo tarda unos cuatro meses aproximadamente en renovarse por dentro y por fuera, había que aguantar un tiempo sin lácteos para notar el cambio. Hazlo y verás decía el libro, y lo hice, y no tomé absolutamente nada, sin excepción, abandoné las pizzas, el queso con pan, el yogur líquido, lloré de pena, esperé, pero nada, mi piel seguía áspera, mi humor bajo, el psicólogo seguía cobrándome lo mismo. Aun hoy más de medio año después, sigo sin beber leche, queso tomo solo si no hay más remedio, pero leche de vaca tal cual, no, nada de nada, bebo leche de avena o de arroz, pero bueno, que no, que ni estoy mejor, ni me siento más sano, ni la vida ha recuperado su sentido. Lo que voy a empezar a hacer ahora es visualizar cómo quiero que sea mi vida. Dónde quiero vivir, a qué quiero dedicar mis días. Por lo pronto dejo esa imagen de un pueblo en las montañas, quiero vivir en un sitio así, trabajar desde casa, tener uno o dos perros y muchos amigos que venga a verme todas las semanas.
domingo, 6 de octubre de 2013
DAVID FOSTER WALLACE
Leo la biografía de David Foster Wallace y me quedo un poco más tranquilo.
David Foster Wallace no era ningún súper hombre.
Estaba de mierda hasta el cuello. No fue feliz.
Por lo visto, escribía a todas horas, en cuanto tenía un rato libre sacaba del bolsillo una libreta y empezaba a garrapatear cosas.
Se quejaba mucho a sus amigos sobre lo duro que era escribir ficción, lo mucho que le costaba.
Solía tomarse unas vacaciones de la ficción escribiendo no ficción.
A mí me gusta más la no ficción. La leo y la escribo con facilidad.
Él escribió "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer" y cosas así para revistas.
Si una revista me pagara por ir a un sitio y escribir sobre lo que veo allí, creo que sería feliz.
David Foster Wallace llevaba una bandana en la cabeza no por ser moderno y joven y guay, sino porque sudaba mucho, sudaba a todas horas y no quería que las gotas de sudor le cayeran por la frente.
Era tremendamente inteligente. Demasiado. En principio no he conocido nunca en persona a nadie tan inteligente como él. Me refiero a conocer en plan amistad, en plan saludarse por la calle y preguntarse qué tal y todo eso.
Se alimentaba mal, fumaba y bebía mucho. Durante su juventud jugaba bastante bien al tenis.
No le gustaban las nuevas tecnologías y sus canciones favoritas eran propias de una adolescente con trenzas.
Algunas universidades se daban de hostias para que fuera profesor de escritura creativa en sus departamentos.
Parece que para ser profesor de escritura creativa debes escribir más de mil páginas.
En realidad, pienso que un hombre que no haya escrito más de mil páginas de algo en su vida, no es un hombre de verdad. Mil páginas de lo que sea.
Eso, o talar árboles.
Por cierto. Cuando le preguntaban a Jaime Gil de Biedma que por qué escribía, él contestaba: para haber escrito.
Escribir es un poco una mierda, una putada, pero para haber escrito, hay que escribir. Y yo no me conformo con lo que ya he escrito. Quiero más.
David Foster Wallace no era ningún súper hombre.
Estaba de mierda hasta el cuello. No fue feliz.
Por lo visto, escribía a todas horas, en cuanto tenía un rato libre sacaba del bolsillo una libreta y empezaba a garrapatear cosas.
Se quejaba mucho a sus amigos sobre lo duro que era escribir ficción, lo mucho que le costaba.
Solía tomarse unas vacaciones de la ficción escribiendo no ficción.
A mí me gusta más la no ficción. La leo y la escribo con facilidad.
Él escribió "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer" y cosas así para revistas.
Si una revista me pagara por ir a un sitio y escribir sobre lo que veo allí, creo que sería feliz.
David Foster Wallace llevaba una bandana en la cabeza no por ser moderno y joven y guay, sino porque sudaba mucho, sudaba a todas horas y no quería que las gotas de sudor le cayeran por la frente.
Era tremendamente inteligente. Demasiado. En principio no he conocido nunca en persona a nadie tan inteligente como él. Me refiero a conocer en plan amistad, en plan saludarse por la calle y preguntarse qué tal y todo eso.
Se alimentaba mal, fumaba y bebía mucho. Durante su juventud jugaba bastante bien al tenis.
No le gustaban las nuevas tecnologías y sus canciones favoritas eran propias de una adolescente con trenzas.
Algunas universidades se daban de hostias para que fuera profesor de escritura creativa en sus departamentos.
Parece que para ser profesor de escritura creativa debes escribir más de mil páginas.
En realidad, pienso que un hombre que no haya escrito más de mil páginas de algo en su vida, no es un hombre de verdad. Mil páginas de lo que sea.
Eso, o talar árboles.
Por cierto. Cuando le preguntaban a Jaime Gil de Biedma que por qué escribía, él contestaba: para haber escrito.
Escribir es un poco una mierda, una putada, pero para haber escrito, hay que escribir. Y yo no me conformo con lo que ya he escrito. Quiero más.
lunes, 30 de septiembre de 2013
a día de hoy
Para los que me conocen y para los que no me conocen pero me quieren conocer, hoy escribo. Ha pasado más de un mes de vivir casi sin tiempo para lo que sea que uno hace cuando tiene tiempo. No ha habido pausa, no ha habido nada. Ahora he conseguido acceder a internet de manera fraudulenta desde mi sofá, lo cual me permite actualizar el blog. Actualizo el blog porque sí, no digo nada concluyente, nada trascendente. Es la hora de comer. Hoy he quedado a las 20:00 en Parla. Se supone que estoy escribiendo una novela, pero solo llevo 35.000 palabras que escribí entre julio y diciembre de 2012. ¿Será esto lo que llaman crisis creativa? Después de 4 libros en 5 años siento que no tengo mucho más que decir, si no me doy tiempo para crecer, madurar, vivir, tener algo dentro para echarlo fuera, volveré a repetirme y contarme de nuevo lo mismo. Hay una mosca que me está molestando desde la hora del desayuno. Ahora que sé lo que implica tener internet, creo que yo no habría sido escritor si hubiera nacido 40 años antes. Sin internet no escribo. Internet me da alimento, me da razones, experiencia vivida para engordar. Sin internet ¿a quién voy a gritarle esto? Tal vez me ocurriera lo que a DFW, escribiría muchas cartas, me comunicaría mediante correo postal con mis amigos, pero no tendría un blog, no tendría la satisfacción de sentirme leído a tiempo real por 20 o 30 personas de distintas partes del planeta. Gracias a mis blogs publiqué mis libros. Imagino que gracias a mis blogs sacaré la novela adelante. Lo que tengo claro ahora mismo es que en la novela aparecerá todo lo que entra en mí, lo que leo, lo que toco, lo que maltrato torpemente por cobarde. Tarde o temprano saldrá toda mi vida encuadernada, no la vida de fuera, sino la vida de dentro, la vida que asusta, la vida por la que me podrían encerrar, la vida por la que todos me odiaréis, o me amaréis como se ama a un perro herido.
lunes, 19 de agosto de 2013
y sin embargo
y sin embargo cuando veo algo que me deja patas arriba me entran unas ganas locas de escribir, cuando veo una película, un cuadro, cuando oigo una canción, cuando algo creado por el hombre toca un punto específico en mi mente y noto una costura neuronal que hace crac, zip, zas, crunch, hay algo en esa cosa artificial que un tipo hizo en algún momento de su vida insignificante y sin sentido que me carga las pilas y me hace llorar, que me emociona, que me ofrece más información acerca de lo que soy que cualquier árbol, cualquier montaña, cualquier puesta de sol, cualquier entrada de la wikipedia. La naturaleza está bien, pero un cuadro de Pollock está mejor, la fuerza del color, la fuerza de una vida que se acaba pero dice estoy aquí y pinto esto, veo esto, siento esto, soy esto. Cuando escribo lo que escribo, quiero que el mundo tiemble, quiero que mis palabras superen de algún modo la corteza de los árboles, quiero que mi gritito desesperado brille y diga que también estoy aquí y que vuestro dolor no es mayor que mi dolor.
Vivamos.
domingo, 18 de agosto de 2013
lunes 3
Llevo tanto tiempo sin escribir que casi se me olvida la sensación de obligarte a abrir el portátil y teclear. Antes escribía porque no podía vivir sin escribir, ahora me doy cuenta de que no hace falta escribir, de que la literatura aburre, de que una vida deprimida y ajetreada reduce la literatura a mierda. Así está siendo mi vida ahora. Me miro los pies descalzos, miro mi camiseta, oigo la fuente de la plaza y tomo conciencia del tiempo y del espacio. Mi cama, mi pueblo, mi universo. Estar vivo es tan poquita cosa, voy a los museos y veo cuadros de pintores que ya no están, leo libros de escritores que ya no están, veo películas donde salen actores en blanco y negro que se mueven así y levantan una ceja cuando fuman y ya no están. No estar es estar muerto. Es duro entender que la única razón por la que estamos aquí es la razón que nosotros queramos darle. Darnos. No existe una trascendencia. Si el sentido de mi vida es escribir bien, pues será ese. Si lo que quiero es ser un buen samaritano, ayudar, cambiar pañales, dar de comer a los pobres, pues ya está. El tiempo pasa. Es decir, mirarme los pies mientras escribo es una forma de recordarme que estoy aquí y tengo pies. Que puedo respirar para contarlo. Por eso actualizo el blog. Al venir al pueblo he adelantado muchos coches, algunos de ellos eran buenos coches, de marcas caras, coches que nos desplazan por estas carreteras que construimos para nuestros coches y llegar de aquí a allí en 4 horas. Pienso en el mundo, las carreteras, mis manos que se agarran al volante, la amortiguación del coche que funciona bien, los conductores de los coches que adelanto a los que a veces miro con desprecio. Son lentos, sólo piensan en sí mismos. Pienso en qué será de mí, dónde aparecerá la felicidad, qué sentido le daré a esta vida que circula por mi izquierda. Por eso actualizo el blog. Sigo aquí y puedo decirlo. No es necesario más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




