lunes, 17 de febrero de 2014

EL ARTE DE NO AMARGARSE LA VIDA

Tal vez no se conocía nunca a nadie hasta que moría 

 LIONEL SHRIVER 


Hoy ha muerto un hombre en mi librería. Un señor mayor, jubilado, que venía todos los días a leer gratis, se sentaba en un sillón cerca de la salida, se descalzaba cuidadosamente, y leía durante horas. Luego dejaba los libros en su sitio. No molestaba. Siempre llevaba calcetines marrones. Era limpio y educado. Yo estaba en mi casa cambiando muebles de sitio y pasando la aspiradora cuando suena el teléfono.

-Manolo -por el tono de voz, nada más oír mi nombre, sé que algo malo ha pasado.
-Manolo soy S
-Sí dime.
-El señor mayor que viene todos los días a leer.
-Sí dime.
-Creo que está muerto.
-¿Cómo?
-Acabo de llamar a una ambulancia.
-Voy ahora mismo.

No me lo puedo creer, me cambio de ropa y voy corriendo. En dos minutos estoy en la librería. S está en la calle, esperando a la ambulancia para decirles que es aquí, que por favor, aquí, suban corriendo. Subo a la segunda planta, salto los escalones de dos en dos y me acerco al hombre mayor que viene todos los días a leer. Me acerco más. Lo observo a menos de un metro de distancia. Tiene la cara y los labios morados. Los ojos, evidentemente, están cerrados y hay un libro azul en el suelo, junto a sus pies en calcetines marrones. Un hilo de saliva un poco marrón le cae de la comisura de la boca sobre la camisa. Siempre llevaba camisa y pantalones con la raya en medio. Me fijo en su peinado, impecable, me fijo en su pecho, no respira.

Llegan los servicios de urgencia, tienden al señor que viene todos los días a leer en el suelo y hacen todo lo que hay que hacer, esto lo sabemos por las películas, inyecciones, sueros, respiración asistida, masaje torácico, electrodos, guantes de goma. Perdone ¿dónde están los libros de Murakami? Acompáñeme por favor. Mientras intentan reanimar a un muerto en un rincón de mi librería, yo y mis compañeros vendemos libros. Hola, ¿tienen algo de Lionel Shriver? ¿dónde está la sección de esoterismo? ¿desea algo más? Llega la policía, hablan con los médicos que ponen vías intravenosas y masajean el tórax con fuerza, se ríen. Deben estar hasta la polla de ver a la gente palmar. Yo no. Yo lo que hago todos los días es colocar libros por orden alfabético, mandar mails, hacer horarios, buscar lecturas juveniles para niñas con pulseras, controlar los niveles de stocks, decir hola, qué tal, ¿desea algo más? y muchas gracias por su compra. Yo no estoy acostumbrado a ver personas que hace 5 minutos estaban aquí, pidiendo la llave del baño por favor, y ahora están muertas sobre las baldosas de cerámica negra de mi librería.

Cuando se lo llevan, limpiamos toda la zona, recogemos cristalitos, plastiquitos, barremos, fregamos, ordenamos las mesas, recolocamos los libros. S me enseña el libro que estaba leyendo el señor mayor que venía todos los días a leer: El arte de no amargarse la vida. No sabíamos su nombre, no sabíamos nada de él, simplemente era un señor mayor que no compraba, leía gratis, por el morro, pero a nosotros nos gustaba, las librerías necesitan gente que compre libros y gente que lea libros para dar ambiente. Es como un bar.

Luego he ido a Carrefour. He comprado macarrones, agua, yogures, queso viejo de oveja, tomate Orlando, chorizo, jamón cocido, pizza Casa Tarradellas. He terminado de pasar la aspiradora, he fregado, he cambiado los muebles de sitio, he bajado la temperatura del aire acondicionado, he subido el volumen de la música. Veo al señor mayor que venía todos los días a leer, lo veo vivo, lo veo leyendo, yo colocando libros y pasando por su lado, veo sus pies con calcetines marrones, también lo veo muerto, con los labios morados y un libro azul en el suelo. El arte de no amargarse la vida. Veo a los servicios de urgencia meneando el tórax y metiendo oxígeno en su cuerpo. Después de comer he llamado a mis padres por teléfono. Yo nunca llamo a mis padres por teléfono. Casualmente, el libro que yo me estoy leyendo ahora, de Lionel Shriver, se titula Todo esto para qué.

Todo lo que cuento en este post, es absolutamente cierto. Como siempre. Probablemente sea capaz de escribir algo más profundo dentro de unos días. Llevo toda la tarde pensando. Leyendo. Mandando whatsapp. He descubierto que tengo una gotera en un foco del cuarto de baño por culpa de la condensación de agua del aire acondicionado. No me he enfadado. No me ha molestado. Le he hecho una foto con el móvil para mandársela a la administradora de la finca. Una gotera que me jode el techo. Me ha parecido lo más natural del mundo. Tan natural como morirse.

lunes, 10 de febrero de 2014

y entonces me hice poeta

Probé a enamorarme para escribir poemas. Horas enamorándome y pensando en mi vecina rubia, horas mirando descaradamente a las chicas en la biblioteca, horas escribiendo poemas, horas yéndome de tiendas para comprar camisas negras, zapatos negros, cinturones de piel, calcetines de hilo, horas mirándome al espejo y peinándome hacia atrás, horas escribiendo poemas a la muerte, poemas al amor, poemas al paisaje, poemas a la noche, horas encendiendo velas de Ikea en el salón para dar ambiente y demás mariconadas. 

Horas leyendo a los clásicos. 

La poesía era de los clásicos. Si no rimaba no era poesía, si no eran sonetos no era poesía, si no estaban muertos no era poesía, si no había que leer un poema 3 o 4 veces para entenderlo no era poesía. 


Oscurecer el poema, meterle símbolos, cosas que no son para que sean cosas que son, decir lo otro para decir esto. Lo que viene siendo darle vueltas al mundo y ponerlo del revés para que suene mejor. Escribir dos o tres palabras sin que ninguna sea del todo. 

por qué escribir 3


Las chicas siempre se fijan en tipos que no entiendo, siempre ha sido igual. Por mi parte he tenido, no sé cómo, que obligarme a medir 1,90 y ser un poco más inteligente que la media para que alguien se fije en mí. Por Dios, me he puesto a escribir libros para parecer un tipo interesante, con mundo interior y eso. Mi nariz y mis dientes y mis ojos no son especiales, nariz grande, ojos pequeños, dientes torcidos, las orejas un poco picudas, todo a la vez no resulta seductor.  En el colegio no me decían nada las chicas. Fue cuando conseguí ser alto y me apunté a un gimnasio que empecé a gustarles, cuando jugaba al baloncesto en el instituto y me quitaba la camiseta. Lo de escribir libros, que es algo que te da un aura de chico culto, de chico con inquietudes que se cuestiona su presencia en el mundo, ha sido el remate final. 

domingo, 9 de febrero de 2014

Empezar a escribir



Estudié en un colegio privado, luego en un colegio público, luego en el instituto Parla III, luego dejé de ser virgen. Me salté una clase de matemáticas e hice el amor con Tamara, luego al volver al instituto me moría de ganas por contárselo a David y se lo conté y me dijo ¡qué cabrón! y nos dimos un abrazo. Luego tuve que pedirle a mi padre que me subiera la paga porque ya no me llegaba el dinero para condones y él empezó a darme condones, me tiraba un puñado encima de la mesa del comedor, pero no me subía la paga. Mi madre, que es catequista, lo pasaba mal. Qué va a ser de este niño, qué va a ser de este niño. Fregaba los platos y rezaba.

En esa misma época, mi hermana, que vivía en el pueblo y trabajaba en un estanco porque no quiso seguir estudiando, se quedó embarazada. Llamó por teléfono a casa y se lo dijo a mis padres, mi padre fue muy comprensivo pero a mi madre casi le da un síncope. 

Mi hermana se casó de penalti. 
Ahora tiene dos hijos y todavía no se ha divorciado.  

Yo antes escribía un blog con mis cosas, lo que vivía cada día y eso, pero mi madre me leía y se asustaba, me llamaba por teléfono y me decía que tuviera cuidado, que no bebiera tanto, que no hiciera tantas cosas, yo le decía que no era nada, mamá, que sólo era literatura, que casi todo era mentira, pero daba igual, mi madre me leía y se preocupaba, así que dejé de escribir un blog y empecé a escribir poesía. Ella se sigue preocupando igual, pero al menos ahora me publican y me dan premios y dedico mis libros a las chicas que me leen y se los compran y escribo mi teléfono en una esquinita para que me llamen.

A veces me llaman. 
A veces me wasapean.

Según mis padres parece que sigo teniendo 17 años, pero es mentira, ahora tengo un trabajo serio, gano pasta, cojo el metro a diario, tengo carnet de conducir y puedo comprar todos los condones que necesite, aunque casi nunca uso condón.

miércoles, 5 de febrero de 2014

un poema

¿Cómo sé qué portátil 
es el que tengo que comprar 
para hacer honor a mi existencia? 

Es una gran responsabilidad.

Toda la erosión, 
las distintas glaciaciones,
el jurásico, el cretácico,
el ruido del ventilador de la nevera.

Lo que soy.

Ver la tele hasta las 2 de la mañana. 

No puedo negar 
que soy una persona 

con dolor en los riñones. 

martes, 28 de enero de 2014

algo que pudieras lanzar lejos


Intentaría vivir todo el tiempo que pudiera sin ninguna enfermedad. 



Quería morir de viejo. Rezaba en la iglesia de rodillas y rezaba en mi cama de rodillas y rezaba en el coche cuando nos íbamos de vacaciones. Señor que no me pase nada, señor quiero morir de viejo. Ese era mi deseo y lo pedía a diario. Permíteme vivir hasta que el cuerpo aguante. Hacía la danza de la lluvia, hacía conjuros, me arrepentía de mis pecados, de mis pajas, de mis romper cristales, me arrepentía para que ese dios que está en el cielo me perdonara y me dejara vivir más. Mis impurezas. Voy a ser bueno. La vida era tan larga que morir de viejo era como vivir eternamente, llegar a viejo era algo borroso, estaba lejos, en el pueblo, en los bancos del parque, en los zapatos limpios, yo era un niño y un niño sabe que no va a morirse nunca, sabe que siempre va a jugar al fútbol y que siempre va a guardar su álbum de cromos y el kimono de ir a kárate y las medallas de las carreras y que el SIDA y la Hepatitis y esas cosas que pasan por hacerlo sin condón eran cosas que les pasarían a otros. Salvo que tuvieras un accidente de coche o alguna enfermedad chunga era imposible morirse. Por eso rezaba yo. Para no ser eso que llaman ser adulto y que implica madrugar y ponerse unos zapatos y unos calcetines negros y coger el coche y comprar el periódico cada día de la semana. Sabía que cuando me diera por comprar el periódico habría llegado mi hora. Estaría listo de papeles. Tendría dinero.

lunes, 27 de enero de 2014

Carabanchel



Mi barrio eran 4 calles y un descampado. No me atrevía a ir más lejos yo solo, aunque tampoco me dejaban. Las tardes allí consistían en escapar, sobrevivir, no meterse en muchos líos o al menos no meterse en más líos de los que uno pudiera gestionar. Por alguna extraña razón casi todos los niños de mi barrio querían pegarme, por suerte yo era muy rápido y me colaba como un gato entre los coches, no sé, en aquel barrio vivíamos como salvajes, íbamos sucios, llenos de barro, con sangre en las rodillas, nuestro juego favorito era hacer círculos en la tierra y clavar dardos desde muy lejos. También nos gustaba tirarles piedras a los gitanos. A veces venía la policía. Había una chica en mi clase que se llamaba Vanesa, no me gustaba especialmente, pero cuando pasaba por mi calle yo le echaba una carrera a mi amigo David Quevedo para que ella nos viera. Al volver de la carrera nos cruzábamos y la saludaba. ¡Hola Vanesa! Yo levantaba el brazo y sacaba la lengua fingiendo cansancio. Ese era mi gran momento. ¡Hola Vanesa! ¡uf! Ella también decía hola y sonreía. Era morena, con el pelo largo y liso y los ojos un poco achinados. Iba con su madre de la mano y todavía llevaba el uniforme del colegio. No sé por qué sentía la necesidad de llamar su atención. Cuando no estaba mi amigo David Quevedo me tenía que conformar con tirar piedras o escupir lejos para que me viera. ¡Hola Vanesa! pero no era lo mismo.

lunes, 20 de enero de 2014

¿A NADIE MÁS LE PREOCUPAN ESTAS COSAS?




Me gustaría saber más cosas, me gustaría saber muchas más cosas, más cosas sobre Starbucks y sobre IKEA y sobre Google, más cosas sobre los fabricantes de los coches que me gustan y sobre los fabricantes de neveras y microondas y vitrocerámicas que me alegran la vida y me calientan la leche y la fabada, me gustaría conocer a fondo la vida de los instaladores de aire acondicionado, debe ser maravilloso ser frigorista y manejar un aborcadador Imperial Eastman de los de siempre, quiero saber quién es el padre de Starbucks, quiero decir, que me gustaría conocerlo a fondo, quiero saber si toma café o lo ha dejado porque le empieza a sentar mal y se cuida el cuerpo y sale a correr y ya sólo bebe leche de avena y sirope de ágave, quiero saber cómo ve la vida un hombre así, si tiene vasos de cartón en casa, si tiene pelusilla en el ombligo, si usa gafas, si va correctamente al baño, quiero conocer también al fundador de IKEA, quiero olerle el sudor, ver si tiene el pelo limpio, si tiene capilares rotos en la punta de la nariz por culpa del alcohol que bebe mañana tarde y noche, si la vida le ha dejado la piel suave como una mesa bien lijada y barnizada. Quiero ser amigo de Steve Jobs, subir al cielo, preguntarle y que me explique cómo se le ocurrió hacer ordenadores, y realmente qué pasaba por su cabeza exactamente cuando se cagaba en dios y si aprendió algo en la India, me gustaría estar en las oficinas de Microsoft y ver cómo deciden lo que ocurrirá en el mundo, participar de todo ese tinglado, ver de cerca al que se le ocurrió el Windows Vista. Me gustaría saber más cosas, me gustaría saber muchas más cosas ¿Cuándo le dio a alguien por crear los preservativos Durex? ¿Por qué ese nombre? ¿Hay algo más efímero que un condón o un rollo de papel de cocina? ¿Cómo fue, cómo le vino la idea? ¿Ya de pequeño supo que haría condones? Me gustaría ver cómo mi ropa se fabrica en oriente, cómo llega a Zara y me la venden y cómo llega a H&M y me la venden y Pepe Jeans y Adidas y Onitsuka, ellos tienen el poder sobre mi cuerpo, sobre mi aspecto, por ellos soy considerado un tipo moderno o un tipo así o asá, gracias a ellos me llaman guapo mis amigos en Facebook porque no me pueden ver desnudo y me imaginan guapo. ¿Y cómo será en la cama Amancio Ortega? ¿Y cómo, de qué manera, a qué sabrá su semen? ¿De qué marca son sus camisas? ¿Cuántas camisas tiene? ¿Cuántos barcos? ¿Cuántas lámparas de IKEA tendrá en casa? ¿El fundador de IKEA habrá comprado ropa en Zara? ¿Y el creador de Zara? ¿Habrá comprado sus muebles en IKEA? ¿Ambos tendrán iPads? ¿Beberán café de Starbucks? ¿Serán colegas? ¿Es posible que el creador de Starbucks vaya a IKEA un lunes por la tarde y haga fotos a sus muebles preferidos con su iPhone 5S o su Samsung Galaxy S4 para enseñárselos a su mujer que estará a esas horas comprando alguna prenda básica en H&M? ¿Comprará la gente rica en H&M? Si yo fuera rico le diría a alguien que me eligiera la ropa, que me ofreciera algunas posibilidades a elegir que supiera que me iban a quedar bien, que favorecieran mi aspecto, mi estilo, que fueran conmigo, con mi forma de ser, la ropa creada en Taiwan para alguien de Parla que es único y rico como yo, con una videoconsola Wii y una PS4. Quiero saber muchas más cosas. ¿Los trabajadores de Sony tendrán móviles Xperia o serán usuarios de iPhone o de Samsung? ¿Qué pasa si la familia del creador de IKEA amuebla su casa con muebles de anticuario, con butacas Luis XVI y sillones Chester? ¿Puede el mundo funcionar así sin peligro alguno para la raza humana? ¿Alguna vez dejarán de fabricar la estantería Billy? ¿Y si escribes “Yahoo” en Google alguien se cabrea? ¿Quién decidió inventar la Pepsi? ¿Cómo duerme el químico que ideó la fórmula de Pepsi sabiendo que la Coca Cola sigue ahí? En serio ¿cómo?

jueves, 16 de enero de 2014

POR QUÉ SOY ESCRITOR 2




Pues claro que me falta mucho. Tomo antidepresivos porque no estoy bien. No estoy bien. A la gente le digo que estoy bien pero no estoy bien, ya no voy al psicólogo y me río bastante, salgo de copas, duermo 8 horas, pero eso no significa que esté bien. Al mudarme de Barcelona a Parla dejé de ir al psicólogo. Me gastaba 80 euros semanales. Mi psicólogo se llamaba Walter Lupo. Me lo recomendaron en el centro dermatológico al que iba de vez en cuando. Walter Lupo era argentino. En total me gasté unos 1000 euros. Walter Lupo era especialista en EMDR. Yo no tenía ni idea de qué iba eso. Mira en internet, dijo, así sabrás en qué consiste. Una tarde, en su consulta, vi sobre su maletín un libro de e e cummings, y dije anda, e e cummings, y él dijo sí, me encanta la poesía, y yo dije qué bien, a mí también me gusta, y el dijo ah, y yo dije además también escribo, y él dijo eso está muy bien, y yo dije sí, y él dijo así que escritor, y yo dije sí, y él dijo pues yo toco el piano desde pequeño, y yo dije vaya, y el dijo sí, y yo dije joder, y él dijo siempre me ha gustado la música. La verdad es que al principio Walter Lupo no me caía demasiado bien, pero aquel día le cogí el punto, me abrí a él. La terapia empezó a funcionar. Walter Lupo era un buen tipo. Miré en internet para saber qué era el EMDR. Por lo visto el EMDR es ideal para gente con estrés post traumático. Leo en la wikipedia que el trauma puede ser cualquier hecho que haya tenido un efecto negativo duradero en una persona. No tiene por qué limitarse a víctimas de violaciones, atentados, supervivientes de catástrofes naturales y cosas así. Cuando alguien ve perturbada su paz de espíritu, se ve expuesto a serias consecuencias físicas y psicológicas. Por lo general las causas se encuentran en antiguas experiencias de la vida. Pues bien, esas experiencias son los traumas. Después de un montón de sesiones, El EMDR no obró ningún milagro en mi interior pero al menos me ayudó a desahogarme y a llorar un poco y a perdonar y me ayudo a retomar el contacto con una ex y a entender otros temas de mi infancia que no aparecerán en este blog pero sí en mi novela. La novela. Estoy escribiendo una novela sobre mí. Estoy sacando a la luz todos mis traumas. El caso es que como parece que estoy bien, como hay días que me despierto tranquilo y desayuno tranquilo y hay días que me acuesto la mar de feliz y me sorprendo con la blancura de las sábanas y el calor de la lámpara de la mesita de noche (aunque no tengo mesita de noche), a veces se me olvida tomar la paroxetina cuando debo. La dosis prescrita es de una pastilla cada 24 horas. Si se me olvida tomarla, no pasa nada, cuando me acuerdo me la vuelvo a tomar y listo, nunca he estado más de 36 horas sin mi dosis. Nunca, hasta la otra noche. Llevaba 48 horas sin la pastilla y yo tan ricamente haciendo mi vida normal, mi trabajo normal, mi desayuno normal, mis miradas lascivas normales en el tren de cercanías, yo no sabía que algo me faltaba pero mi cuerpo sí, ay, el cuerpo es listo y a veces habla y a mí empezó a mandarme señales. Después de cenar estaba tumbado en el sofá, leyendo, y me dije, venga, haz unos pocos abdominales, no seas gordo, pero al incorporarme me noté mareado y con dolor de cabeza, qué raro, si estaba perfectamente, y de pronto me acordé, mierda, llevo dos días sin tomar paroxetina, y mierda, ya no me quedan más pastillas, debí haber comprado una caja por la mañana en la farmacia que hay al lado de mi trabajo, pero como siempre me pasa, una vez empiezo a trabajar me olvido de todo, me olvido de mí, me olvido de pedir cita con el dermatólogo, me olvido de hacer una transferencia importante, me olvido de responder las llamadas de mis padres, apenas saco tiempo para mirar el wasap y responder con una sonrisita o un beso con un corazón diminuto, así que me olvidé de comprar la paroxetina. Me levanto del sofá, estoy mareado, me duele la cabeza, me digo, bueno, seguro que aun me queda alguna pastilla por ahí perdida, busco por todas partes, revuelvo cajones y bolsas de aseo, pero no, miro en los bolsillos de los abrigos, miro en viejas maletas, nada, antes guardaba muchos medicamentos caducados, ahora solo encuentro lexatín e ibuprofeno. Me tomo uno de cada por si acaso. Procuro olvidarme de los mareos, me tumbo en la cama y me obligo a dormir, a estas horas ya están todas las farmacias cerradas, no es plan de ir por la noche a comprar antidepresivos de urgencia como si fuera un yonqui, mejor espero a mañana, por unas horas tampoco va a pasar nada. Pero no consigo conciliar el suelo, estoy nervioso, saberme con síndrome de abstinencia o como se llame esto que tengo me pone nervioso, noto como se mueve la habitación, el dolor de cabeza me baja por el cuello, me planteo seriamente salir y buscar una farmacia de guardia, pero son la 1:30 de la madrugada, me da vergüenza, me parece exagerado salir a estas horas por unos mareillos de mierda, esperaré hasta mañana, venga, a dormir, no seas tan gilipollas. Apago la luz e intento dormir. Intento dormir. Me doy la vuelta. Intento dormir. Pienso en lo que tengo que hacer mañana en el trabajo. Intento dormir. Imagino mi maravillosa vida en el futuro. Intento dormir. Pienso que es de gilipollas pasar una mala noche y aguantar unos síntomas por el hecho de que me de vergüenza pedirle antidepresivos a un farmacéutico de guardia a las 2 de la mañana. A la mierda, me visto, cojo las llaves del coche y salgo de casa. Cuando bajo las escaleras del portal tengo la sensación de ser el protagonista de una película de esas donde se ve a un tipo al que se le va poco a poco la cabeza y todo el mundo se da cuenta de que algo falla menos él. Pero yo sí veo que algo falla. Gracias al GPS de mi Samsung Galaxy S4 localizo la única farmacia de guardia que hay en Parla. Sólo tengo que conducir 10 minutos. Cuando llego, todo está apagado, la cruz verde no tiene luz, miro el cartelito que anuncia la farmacia de guardia para esa noche y resulta que es otra. Mierda de Samsung Galaxy S4. Vuelvo a poner el GPS y llego en 3 minutos. La cruz verde de esta farmacia tiene luz, fantástico. Salgo del coche aliviado. Toco el timbre. Mientras espero me pregunto si el farmacéutico querrá venderme el antidepresivo sin receta a las 2 de la madrugada, claro que no veo por qué no, siempre he comprado paroxetina sin receta. Hola, buenas noches, quería una caja de ibuprofeno y otra de paroxetina por favor. Pido el ibuprofeno para disimular. Lo siento pero sin receta no puedo venderte la paroxetina. Joder, ya estamos. ¿Cómo que no? Pero si siempre la compro sin receta, llevo años tomando antidepresivos y nunca me han pedido receta. Pues lo siento, pero sin receta o un informe médico, no te la puedo vender. ¿Y no te vale si te traigo la caja vacía para que veas que estoy tomando esto desde hace tiempo? es que no me queda ninguna y llevo más de 48 horas sin tomar y empiezo a notar los efectos y no puedo dormir. En ese momento soy consciente de que mis palabras suenan como las de un tipo con ciertos problemillas. Me gustaría romper el cristal de un puñetazo y cagarme en su puta madre. Lo siento, pero no puedo vendértela. Pero hombre, que siempre me la han vendido sin receta. Lo siento. ¿Es por la hora? ¿es porque son las 2 de la madrugada y parezco un loco y crees que estás haciendo algo malo si me la vendes? No voy a mezclarlas con nada, simplemente tengo que tomar una, necesito una puta pastilla. Sin informe médico ni receta ya te digo que no puedo vendértela. Muy bien, pues nada, gracias de todos modos, buenas noches. Me vuelvo al coche. No sé por qué he sido amable al despedirme, supongo que mandarle a la mierda no va a lograr que cambie de opinión, pero estoy enfadado, este hijo de puta no me la vende porque no le sale de los cojones. Dentro del coche tengo que tomar una decisión, aguantar hasta el día siguiente y comprar las pastillas en la farmacia que tengo al lado del trabajo o buscar ahora mismo una farmacia de guardia en Madrid. Miro el reloj. 2:10. A la mierda, ya que estoy, voy a probar suerte. No voy a quedarme con este malestar toda la noche solo porque un gilipollas no me quiere vender lo que siempre me han vendido. El Samsung Galaxy S4 vuelve a salvarme la vida, busco en Google Maps farmacias 24 horas en Madrid. Salen pocas, elijo la más cercana, según el maps está a unos 20 minutos en coche. Pues venga. Salgo de Parla y cojo la carretera de Toledo, de ahí la M-40 y luego la Avenida de Andalucía. No puedo evitar reírme al pensar que sobre todo esto escribiré algo, esta experiencia ridícula de conducir a las 2:10 de la madrugada para ir a una farmacia de Madrid donde quieran venderme un antidepresivo sin receta porque tengo miedo de pasar la noche con mareos y dolor de cabeza no sea que los efectos secundarios vayan a más y por la mañana no pueda levantarme de la cama. Uf, mejor no pensar en eso. Conduzco con calma, respeto las señales, sólo faltaba que me detuviera la policía. Al cabo de 25 minutos llego a mi objetivo. Me he equivocado en una calle y he tenido que dar un poco más de vuelta. Pero ya estoy aquí. Me acerco a la ventanilla y toco el timbre. Cuando se acerca el farmacéutico no sé si sonreír o ponerme serio, intento parecer natural y despreocupado, al final ni una cosa ni la otra, saludo, buenas noches, quería una caja de ibuprofeno y otra de paroxetina por favor, procuro poner voz de eh, que no son para mí, que me da igual si me las vendes o no, vivo aquí al lado y me aburría y la vida sigue, sé feliz. Por favor. El farmacéutico no dice nada, se da la vuelta, consulta el ordenador, coge una caja, por favor por favor, vuelve a teclear algo, no veo que haya cogido dos cajas, yo he pedido dos cajas, una de ibuprofeno y otra de paroxetina, aunque el ibuprofeno me da igual, solo veo que lleve una caja en la mano, mierda, se acerca a la ventanilla, son 18 con 65 €, dice, saco un billete de 20 y lo dejo en el cajón, me digo a mí mismo que tranquilo, si no le quedara paroxetina ya lo habría dicho, mete el cambio en el cajón junto a una bolsa que espero contenga la caja de paroxetina. Recojo el cambio y la bolsa pero no la abro, no quiero que me note la ansiedad, le doy las buenas noches y las gracias. Hasta que no llego al coche no abro la bolsa, efectivamente, ahí están el ibuprofeno y la paroxetina, jódete farmacéutico de Parla hijo de puta. De vuelta a Parla, me planteo hacerle una visita al farmacéutico con la sana intención de demostrarle que la paroxetina se vende sin receta y llamarle gilipollas y subnormal e irme corriendo. Aparcaría en otra calle para que no pudiera tomarme la matrícula si le diera por salir. Pero uno de mis propósitos de año nuevo es pensar en positivo, no hablar mal de nadie. Insultar al farmacéutico no estaría bien. No. Definitivamente no. Lo mejor es irse a casa, tomarse la pastilla, relajarse e irse a la cama de una maldita vez, que parezco un loco con el coche a las 3 de la madrugada haciendo 40 kilómetros para comprar unas pastillas. Cuando estoy entrando en Parla, cambio de opinión, a estas horas ya da igual, además, sobre algo hay que escribir ¿no?, así que voy a ver al farmacéutico hijo de puta, dejo el coche en doble fila al doblar la esquina, llamo al timbre, el farmacéutico me reconoce, hola, hola, ¿al final tienes la receta? ¿la receta? mira la receta cabrón, mira, saco la caja de paroxetina de la bolsa y la pego contra  el cristal, mira la puta caja de paroxetina que acaban de venderme sin receta en una farmacia de Madrid, cabrón, sólo quería decirte que eres un gilipollas por no querer venderme esto, adios. Me voy corriendo sin esperar respuesta, le oigo gritar algo, imagino que está diciendo que me den por culo o algo así, pero me da igual. Al llegar a casa, por fin, me tomo la paroxetina con un poco de agua, abro el portátil y escribo esto. Son casi las 5 de la madrugada. Dentro de 3 horas tengo que irme a trabajar, pero aquí estoy. Aquí estoy. Joder. Por eso soy escritor.