martes, 31 de enero de 2012

plip

Te enamoras de niñas ciclotímicas, vives en Rótterdam, oyes gotear la cisterna, te levantas de la cama 7 veces hasta que averiguas que es la cisterna, no es el grifo, no es la ducha, no es el vecino, no hay un escape entre las paredes, no hay manchas de humedad, es la puta cisterna del váter, te vuelves a levantar, desmontas la cisterna, vale, tampoco es exactamente la cisterna, es por detrás de la cisterna, hay una especie de escape repentino, ayer no se oía nada, ni antes de ayer, hasta hoy la felicidad era completa, ahora todo el rato oyes plip, plip, y como el váter es de esos modernos está pegado todo a la pared y no puedes ver nada, no lo puedes arreglar. Cortas el agua, tiras de la cadena, esperas, pretendes que si hay alguna filtración, igual que vino se vaya, que se seque. En principio no funciona, pero es pronto, a lo mejor mañana. Después del ruido del ventilador de la nevera viene el ruido de una gota de agua detrás de la cisterna del váter. Pensé que lo de la nevera era lo peor, pero no, cambiar un ventilador es caro, 240 €, pero se hace rápido, cambiar un váter entero se me antoja más complicado. En Barcelona no tengo amigos fontaneros. Joder. Ruiditos por todos lados. Si alguna vez soy rico viviré en una puta burbuja de caucho.

1 comentario:

[G] dijo...

recuerdo mi dilema con
el váter del piso en el que estuve
viviendo solica
cisterna (de ser así, la 3ª)
o a saber, pero lo arreglé
no-sé-cómo

era un minibaño, tipo avión,
y el váter no estaba encajado
no, era una de aleación váter-pared

ármate de paciencia
aunque
plop
la burbuja es mejor opción