miércoles, 18 de diciembre de 2013

La erosión día a día que implica vivir y respirar



Ahora que vivo solo soy incapaz de comer sin ver la tele, da igual lo que echen. Necesito la imagen en movimiento, la radiación, cualquier capítulo de los Simpsons me vale. Si invito a alguien a comer enciendo la tele y pido por favor que se calle, por favor, que no oigo nada, shhhhhhh, pásame la Coca Cola, shhhhhhh. 

Me gustaría ser capaz de comer con la tele apagada, como una de esas personas para las que el contacto humano es lo primero, hablando con la gente, contándonos el día, hablando con la boca llena, pero me aburre mucho hablar, contarnos la jugada, repetirnos en palabras el día de hoy, qué tal el curro, qué has hecho esta mañana, si hay que hablar, prefiero que sea para hacer planes de futuro, no lo que he hecho, sino lo que voy a hacer, esta vida que llevo y no soporto pero ya verás ya.

Si hay una tele delante tengo que encenderla, incluso cuando escribo la dejo encendida sin volumen para que me haga compañía y me distraiga, para no pensar demasiado en lo que escribo, si pienso demasiado me salen cosas muy correctas, muy escritas, la distracción de la tele me lleva a la sorpresa de escribir sin pensar y luego, la tele como uno más de la familia, como alguien que te da calor, que te habla sin pedirte nada a cambio, que te hace compañía por la noche cuando tienes miedo y te quedas a dormir en el sofá. 

Miedo de qué, miedo de la muerte y del dolor, miedo de la enfermedad, miedo de no llegar a nada, miedo de no ser fuerte, de no vivir sano como un roble, de que te duela algo, de que se te parta algo, de que algo se rompa, de que algo explote por dentro, la erosión día tras día que implica beber y respirar. 

2 comentarios:

Irene Adler dijo...

Me encantas.

Danilo T. Brown dijo...

y a mí me encanta que te encante! :)