martes, 19 de abril de 2011

iBook y compañía

HP Compaq Mini CQ10 con Huawei E1752 - AÑO 2010
Sony Vaio VGN-P11Z - AÑO 2009
MacBook Air - AÑO 2008
IbookG4 blanco - AÑO 2004

Esta es mi historia, esta es la vida de mis manos, la vida de mis dedos tecleadores y salidos, de la yema de estos dedos que han hurgado y rozado y friccionado toda mi juventud.

Cuántas páginas porno he visitado, cuántos comentarios anónimos insultando y cagándome en la madre de alguien he llegado a escribir, cuántas vidas he visto pasar sobre las pantallas retroiluminadas de distinta resolución de mis portátiles.

Me tomo una caña en la plaza de los mártires, cuánto hace que no escribo mi vida en prosa, sin pensar, sin corregir, a tomar por culo todo, tomándome una caña frente a una iglesia, imagino, supongo, que es la iglesia de los mártires, paso por aquí todos los días y no sé como se llama la iglesia de los cojones, la iglesia de ladrillitos rojos, el nombre de las iglesias es algo que se me olvida, que no quiero aprender, que hace que me hierva la sangre. El nombre de mis portátiles es, sin embargo, sagrado. Ellos se han posado sobre mis piernas, me han calentado los muslos en las noches de invierno, me han enseñado a dejar espacios en blanco, ha hacer clic en los enlaces adecuados.

Mi primer portátil fue un iBook G4 blanco, en él escribí mi primer libro, mis confesiones, el camino de la autoexageración me lo enseñó él, y vomité de envidia cuando al año siguiente de comprarlo, o a los dos años, no recuerdo bien, salió un modelo nuevo, más bonito, más blanco, con las teclas separadas, limpias, como pequeñas islas sobre algo. Pero no renegué de mi iBook G4 blanco, él me acompañó por medio mundo, visité el Pepe Botella, conocí mujeres, conocí el placer, Almería, Jaén, Madrid, no sé si Londres por entonces o París, Chicago, Singapur, el Polo Norte.

El tiempo pasa rápido como los nuevos procesadores, y apareció el MacBook Air, y yo me lo compré en el verano de 2008 para celebrar mi ascenso en la empresa. Pasé de ser un mierda a ser un señor mierda, como siempre decía mi buen amigo Maxi, funcionario cabrón al que quiero como a un hermano.

El MacBook Air me enseñó a volar, claro, era ligero como un rollo de papel higiénico, gracias a él tiré todos mis cuadernos, pesaba menos que un papel tamaño dinA4 y con sus 80 Gb de memoria podía escribir todos los días sin miedo, podía escribir hasta el infinito, o hasta que se me jodiera, como pasó hace unas semanas, en las que dejó de funcionar, como llegó se fue, 1600 euros a la mierda, con todos los archivos de mi reciente madurez perdidos para siempre.

También hubo en mi vida otros, dos cacas, por llamarlas de algún modo, que no me han servido para absolutamente nada, dinero perfectamente malgastado. Más me habría valido gastármelo en video juegos, en cerveza, en helados, en menús Wopper, en botellas de vino, en cosas de Ikea. Por el precio del Sony Vaio VGN-P11Z podría haber pagado el alquiler del mes de marzo. Y el HP Compaq Mini CQ10 con Huawei E1752 que compré en 2010 es la carcasa más inútil que he tenido nunca. A los dos meses se rompió, le di una hostia al teclado porque iba muy lento y se fue todo a la mierda. Me alegré.

Así que aquí seguimos, mi iBook G4 blanco y yo. Después de todos estos años es el único que aguanta. Ya no es tan blanco, la suciedad de mis dedos ha cubierto algunas teclas, hace ruido, es lento, la pantalla casi no se ve a la luz del día, pero él sigue aquí, conmigo, en una plaza de Málaga, con una caña, sin prisa, viéndolas venir.

2 comentarios:

Vanity dijo...

En efecto, los ordenadores que uno posee merecen un post, y mucho más. El materialismo tecnológico sigue siendo una prioridad para los que entendemos que estos cacharros nos permiten hacer lo que hacemos y decir lo que decimos. Sin ellos no dejaría de ser un zumbado lanzando profecías encima de un taburete en Hyde Park.


Un abrazo,

VD

Danilo T. Brown dijo...

jeje, creo que se merecen un poema... a ver si se me ocurre algo...

voy a comprarme otro mac, sin remedio.

Un abrazooo